Mostrando entradas con la etiqueta Preguntas necesarias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Preguntas necesarias. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de agosto de 2009

The world is a vampire

Se acabó el home alone. Ya no estaré más tiempo sola. Aunque empezaba a echar de menos dar las buenas noches a alguien antes de irme a dormir, me gustaba llegar a casa, prepararme un zumo de naranja y echarme al sofá a tomármelo. Sin más, me apetecía, era normal, estaba bien. Creo que soy mejor persona estando sola y es absurdo después de reconocer que merece la pena sonreír y que alguien te vea. Tener malos días y que seas la única que te aguante te ayuda a recordar que no estás dispuesta a soportar actitudes plañideras porque los quejicas son arrogantes que no saben disfrutar y no vas a malograr tan delicioso placer. Bueno, y porque ni tú te aguantas.


Eva es más Eva sola en casa. Eva es bailar sin que nadie piense lo especial que eres o lo imbécil que pareces. Eva es la vuelta en el búho de las dos. Es preparar cena para una a las 10 de la noche o a las 3 de la mañana. Es leer en Vallecas porque no te gustan las alturas pero desde allí parece que Madrid esté a tus pies. Es desperdiciar los metros cuadrados de casa porque una persona no puede ocuparlos todos. Es adueñarse de un piso donde no hay nada más que una nevera que no funciona todavía...


The world is a vampire

viernes, 26 de septiembre de 2008

Have you ever seen the rain?

(Camino a casa)

¿Y si me cortan el pie? ¿Quién me va a querer?

Al que le falte el otro pie

Que no, papá, que yo no soy nadie sin mi pie... Oh venga, te estoy hablando en serio... ¿Cuándo te cortan un pie?

Cuando te duele mucho

¡No! ¡Que a mí me duele muchísimo!

Anda, anda, no será para tanto...

Como de aquí a la Carretera de Extremadura, ¡fíjate si me duele!

Entonces serás una patapalo



Son ese tipo de diálogos los que mantiene Eva cuando está tonta, cuando está entre paréntesis. Es en ese tipo de momentos en que dice muchísimo o "cuantísimas ganas tengo de..." y abre los brazos todoloquepuede para que quien la escuche, sepa que va en serio y que no es ninguna broma.




Pero a veces también le apetece moverse en la silla cantando a destiempo canciones de "la creedence"




*
Él estaba quieto, sentado, mirándola sin querer, tal vez por la costumbre o por uno de esos momentos en los que miras fijamente a algo o a alguien y, por una ley física que no enseñan en los libros de la ESO, no puedes dejar de hacerlo

Ella no hacía más que ir de un lado para otro, nerviosa, preguntándole al mundo dónde narices estaba el otro calcetín (si se podía saber)

Él decidió que ya estaba bien y, sin preguntarle nada, se levantó y casi violentamente le cogió por la cintura y ésta cedió como cede el agua

El calcetín, escondido bajo el sofá por ese pánico que a veces tienen los calcetines a la lavadora, lo vio todo

viernes, 25 de abril de 2008

Portugal

Pipi, pipi! Mensaje:
"...hoy se celebra el día de la independencia portuguesa. ¿Quién se han creído que son?..."

Eva sonríe... frunceelceñoysonríe... y dice en alto ¡Eso mismo digo yo!
:P

*ya sé lo de québonitoes El Algarve, sus casas, Lisboa, el Atlántico, que en su día tuvo Brasil, etc...

miércoles, 6 de febrero de 2008

¡Rayos y centellas!

Revuelve todo. Levanta los pisa papeles, lanza al aire los folios creyéndose en una película, con más clase y picardía en el argumento que las clásicas norteamericanas, pero con final feliz igual. Ahora tiene que recoger todos los papeles del suelo. La peli tiene final feliz pero es tan poco norteamericana que nadie viene a ayudarle a recoger, ni suena una música triste de fondo. Tampoco aparecen 8 personas que bailan la misma coreografía a la vez. Definitivamente no es una película norteamericana.



Respira hondo, tiene que estar por aquí. Recuerda exactamente lo que escribió: "Appointment Javier: pagar este mes en yenes a los empleados". Aún nadie sabe si Eva estudia en la universidad, estudia por su cuenta o simplemente respira y se inventa mundos, pero lo que está claro es que no trabaja y desde luego que jamás será empresaria. Y punto.



Las hojas tenían un orden, pero como siempre, no están numeradas. ¡Rayos y centellas! ¡Es la última vez que no numera las páginas! ¡Es la última vez que tira los folios al aire para encontrar su agenda en la que no escribe! ¡Y desde luego que es la última vez que espera que suene una canción mientras recoge papeles tirada en el suelo!



Recuerda un pensamiento en el que estuvo trabajando hace pocos días: "¿A que si no es una estadística nunca dices Comunidad Autónoma y sexo en la misma frase?" Eso le despista en su búsqueda. Sigue buscando su agenda con gesto serio en la cara (o al menos lo intenta, ella es una tipa dura y saca el bíceps que no tiene). De nuevo viene a su mente otro pensamiento. Muchas veces busca las llaves y las tiene en la mano, o busca el teléfono móvil, cree que se lo ha dejado en el asiento del metro y está hablando por él... Hay gente que busca el cigarrillo que tiene detrás de la oreja o quien no se acuerda de que se ha comido su trozo de pan y mira furiosamente a los comensales para decidir quién le ha quitado el pan. Todas buscamos las bragas cuando las tenemos puestas y no encontramos nuestro boli preferido que metimos en la nevera por error.



Suena una música. Una de dos: o se pone a bailar o busca desesperadamente la agenda en sus orejas, en su estómago, en su mano, en la nevera o mira a ver si la tiene puesta. Nada, decide que una vez agotas una opción, sólo te queda otra. Se pone a bailar.





*Creer que la vida es triste es como creer en dios, no se debe hacer y además no es cierto

lunes, 21 de enero de 2008

Nerviosita perdida

EVA está preocupada, nerviosita perdida. De repente no entiende por qué le vuelve el sombrero a sus manos después de haberlo lanzado, por qué está tranquila y descansada -como si hubiera llevado a hombros un elefante- y un segundo después, en vez de decir "achús" dice "súcha" y termina con una sensación horrible durante un par de minutos.




A eva le sorprende ver (sentada en una silla) cómo un vaso roto en el suelo se recompone solo, pega un salto y se coloca en la estantería, pero aún más le sorprende encontrarse de puntillas, mirando en la estantería y buscando el vaso que previamente estaba en mil pedazos en el suelo...





Eva siempre ha sido curiosa y se pregunta por qué. Así que sale a la calle... ¡bajando las escaleras del revés! No es ninguna particular manera suya, estaba bajando así y punto. Pero no recuerda que sea habitual en ella bajar las escaleras de espalda, ¡se puede caer!, pero no se cae. Al salir a la calle descubre horrorizada que la gente anda hacia atrás, excepto algún chulo que se atreve a andar hacia adelante, torpemente, y se tropieza... Los coches van marcha atrás, la gente habla del revés, ríen del revés, lloran del revés... Y lo que es peor, ¡la carnicería ya no funciona como antaño!... Ella, que estaba la primera en la cola, de repente ve cómo las abuelas (y algún abuelo despistao') se cuelan y se pegan para devolver los filetes que compraron anteriormente. ¡Incluso el dueño de la carnicería echa el cierre! Y la gente se esfuma (por supuesto, marcha atrás).





Eva decide salir a la calle y resolver la ecuación. ¿Y si se da la vuelta y anda hacia adelante? Nunca pensó que todo girase en torno a ella (aunque a veces le gusta ser egoísta en sus sueños), pero quién sabe, a lo mejor esa era la solución. Se da la vuelta, se siente estúpida, pisa en falso y se cae. Se hace daño en una rodilla pero incluso el dolor es al revés...
No hay ninguna duda... -piensa Eva- alguien nos está rebobinando...

jueves, 17 de enero de 2008

3 segundos




Eva se quedó quieta.


Las luces del coche le estaban apuntando...


¿Le dispararían?


*Pensó en gritar "¡Decimoterceraaaa!" y abalanzarse sobre las luces

sábado, 5 de enero de 2008

Una sola ola

Yo, Eva, amiga y casi familia de las agujas.
Yo, Eva, querida y apreciada por los análisis desde tiempos remotos...
Yo, Eva, hoy, me he cuasimareado. No solo porque me sacaran cinco tubos de sangre y no tuviera mucha puntería el tío (problema de mis venas no es, mis venas son sensibles y cuando la goma aprieta el brazo, enseguida montan una cacerolada y aunque sea por el ruido, son perfectamente localizables; el tío era torpe, eso es todo) sino porque me ha abierto un boquete. Casi hasta se podía mirar a través.
Cuando ha terminado me ha dicho "Y ahora te aprietas fuerte durante cinco minutos (supongo que uno por tubo)"... ¿Es que acaso no sabe que soy una veterana, Mr. Sabelotodo?, pensé. Lo más interesante ocurrió en seguida. Y en seguida demostré que había olvidado la filosofía del análisis y posanálisis. Una tiene que coger su abrigo, su bufanda, su bolso, su lápiz que había dejado encima de la mesa del practicante... y como todo lo que se deja para luego, aquello empezó a ponerse muy feo. La única frase de sosiego que recibí después de mirar todas las caras que había y las que no en aquella sala, fue la de mi practicante: "Mujer, si no te aprietas, eso es como un grifo abierto"...

Salí enfadada del ambulatorio. ¿Es que acaso no sabe que soy una veterana, Mr. Sabelotodo?, volví a pensar. Al llegar a la estación, vi cómo a la gente que esperaba el tren se le caía el ojo derecho. Cada uno empezó a buscar el suyo y lo típico, que si ese ojo es mío, que si no me pises el ojo, que si mamá esa niña rubia se está comiendo mi ojoo... Aproveché ese minuto de confusión para ponerme el abrigo. Parecía como si una ola hubiera llegado por mi izquierda y hubiera terminado a mi derecha. Me repantigué. Así no podía sucederme nada más...

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Lo mío es la prosa (arte en las calles)


¿Y qué culpa tengo yo de que el arte esté en la calle? ¿En la calle? En la calle y en los bares, y en las plazas, y en los taburetes, y en las formas de caminar, y en el aire, y en los ojos, en tus ojos, y en la niebla, y en la forma de mirar las farolas encendidas por la tarde noche a través de la niebla, y en la luz amarilla de las bombillas poco comprometidas con el medioambiente, y en los momentos y en los carretes de fotos, en el blanco de las páginas recicladas, porque no hay blanco más bonito que ese, que no es blanco...
¿Y qué culpa tengo yo de que el arte sea infinito? De que esté aquí, allá, acullá, de que no pare, de que se pare a tomar un café con leche, por favor, y que te conozca, y que tú le conozcas a él, o a ella.
¿Y qué culpa tengo yo si a ti no te gustaba el arte hasta que te empezó a gustar? Si tú no leías poesía hasta que la leíste, si tú antes creías que la poesía se escribía en vertical, hasta que escribiste una carta a tu amigo. Y te diste cuenta de que poesía es mucho más



¿Y qué culpa tengo yo de que el arte esté en la calle?
¿En la calle?
En la calle y en los bares,
y en las plazas,
y en los taburetes,
y en las formas de caminar,
y en el aire y en los ojos,
en tus ojos,
y en la niebla,
y en la forma de mirar las farolas encendidas por la tarde noche,
y en la luz amarilla de las bombillas poco comprometidas con el medioambiente,
y en los momentos
y en los carretes de fotos,
en el blanco de las páginas recicladas,
porque no hay blanco más bonito que ese,
que no es blanco

¿Y qué culpa tengo yo de que el arte sea infinito?
De que esté aquí, allá, acullá,
de que no pare,
de que se pare a tomar un café con leche, por favor,
y que te conozca,
y que tú le conozcas a él,
o a ella.

¿Y qué culpa tengo yo si a ti no te gustaba el arte hasta que te empezó a gustar?
Si tú no leías poesía hasta que la leíste,
si tú antes creías que la poesía se escribía en vertical,
hasta que escribiste una carta a tu amigo.
Y te diste cuenta de que poesía es mucho más

martes, 25 de septiembre de 2007

El partido

El partido estaba a punto de comenzar, pero una voz que nadie sabía exactamente de dónde venía había pedido un minuto de silencio por un (ya ex) jugador, del equipo que vestía de negro, que había muerto el día anterior en un accidente de tráfico. El estadio entero se puso en pie. Yo siempre he sido una chica despistada, así que hasta que aquel silencio ensordecedor no me envolvió, no me desperté. Nunca me han entusiasmado los partidos de fútbol, así que el fútbol gaélico también me daba igual. No solo fue el silencio lo que me despertó: mi madre me tocaba con un dedo repetidas veces en el hombro, tan fuerte que pensé que el hombro iba a hundírseme. Además me ardía la nuca. Los chicos de ciudad dirían que era por el sol que hacía esa tarde. Los de pueblo dirían que era por las miradas de odio de medio estadio que se clavaban en mi cuello. Me levanté. Miré a mi alrededor y vi el estadio más grande, más alto. Eran alrededor de 85.000 perdonas de pie, calladas, y el llanto d eun niño a lo lejos. Ni un ruido, excepto el de la tos intermitente de la señora que tenía detrás. Había unas vías cerca del estadio, yo las veía desde allí, pero ni siquiera el tren pasó. Incluso él parecía guardar silencio por un hombre que yo no conocía, que no había visto en mi vida, que ni siquiera había oído hablar de él, no sabía tampoco su nombre. Solo su apellido, O'Connor nosequé, no presté atención. No tenía nada que ver con ese hombre, o sí, pero de cualquier manera no le había conocido en vida. ¿Por qué tenía yo que levantarme y guardar mis palabras y mis ruidos por él? Seguro que si la que hubiera muerto fuera yo, nadie se levantaría. Me pregunté si el muerto era más importante que yo. No supe responder, pero de todas formas, él estaba muerto, tal vez se lo mereciera por eso, como un "al menos".


Permanecí de pie hasta que la gente se sentó. Allí no había gradas de un equipo, gradas del otro. Es lo bueno del fútbol gaélico, seguramente por ser gaélico, no por ser fútbol: el padre es de un equipo, el hijo del contrario. Hay mucha migración interior, amarillos con azules, blancos con rojos... En ese caso yo tenía que ser del amarillo y verde y jugábamos contra los negros.


Permanecí de pie hasta que la gente se sentó. En cuanto 84.999 culos tocaron sus respectivos asientos, antes de que pudiera darme cuenta, un griterío invadió el campo y el partido comenzó. Yo ya escuchaba mejor, la voz extraña se había callado. Volví a mirar a mi alrededor: leones y panteras se disputaban el último pedazo de carne, era el fin del mundo, esta vez de verdad, o al menos esa fue mi sensación. Tuve un poco de miedo, he de reconocerlo, pero la curiosidad empezó a crecer en mi estómago. Era increíble mirar hacia atrás y preguntarse cosas acerca de esa gente. Era divertido. Se encontraban sensaciones extrañas en mi estómago, se saludaban y se olían el culo, como los perros. No sabía describirlo pero parecía estar en un safari y ser yo la única que iba en el todoterreno mirando. Se me ocurrió poner la voz de Félix de la Fuente, pero no me salía y allí no entenderían la broma.


De vez en cuando, algún hipopótamo con mal aliento abría la boca y berreaba. Yo pensé que estaba en cel y que deseaba atraer a la hembra, pero resultó que su equipo era tan torpe en el campo como él en la cama y gritaba "árbitro cabrón", o algo parecido.


Algún niño se perdía entre el gentío y los asientos vacíos durante el descanso y recobraba su humanidad. Lloraba entre tanta gente excitada por un marcador final difícil de predecir, hasta que la madre, cuyas tetas, sin ganas ni gracia, aplastaban al pobre crío mientras le besaba por toda la cara, lo malpeinaba (o bienpeinaba) con fuerza, como si fuera un niño bien y gritaban juntos que iban a ganar






*Y a pesar de todo, los irlandeses me caen tan bien...

lunes, 10 de septiembre de 2007

A veces


La originalidad (¿ya?) no existe
Eso está claro
Claro que hay veces...
No, no os dejéis engañar
Todo está hecho
Y nada más
No hay acordes, combinaciones nuevas
Es el fin de la palabra y la música


*Porque ya hay demasiada gente crítica y demasiado poco críticas....

jueves, 5 de julio de 2007

Muchacha, ¿qué te pasa?


Aún no he hecho una entrada de bienvenida y ya me estoy despidiendo
Marcho lejos, un poco lejos, en el fondo no tanto, Méjico lindo siempre quedará más lejos
Es importante saber dónde vas cuando te vas... [...] Cuando te vas, y ya está. La casa propia
(y cuando digo propia digo conocida)
es importante para sentirse bien.
Una se encuentra a gusto en un lugar si no te planteas lo cómoda que estás (mezcla de la segunda y la tercera persona: pasará a la posteridad).
Y me explico:
.
.
Me apropio las casas cuando soy capaz de levantarme por la noche
¿qué más da?, al baño, a darme una ducha, a coger algo de la nevera, a darme una vuelta
sin encender ni una sola luz
y por supuesto
sin que nada se clave en mi estómago, menos en mi dedo meñique del pie.
Entonces, la casa es mía. Mía o para mí.
Mía mía mía, no es tan malo. No significa que solo sea mía.
.
.
"Parece que no, pero no es del mar del que me despedí en su momento
fue del Mediterráneo (Serrat en su silla y yo en la mía)
Parece que no, pero en Madrid o al menos yo puedo olerlo desde aquí
soy capaz de oler recuerdos
No nací al lado de ESE mar, pero le entiendo, le comprendo y lo más importante
es el único que existe
Los demás son prescindibles
tú y yo lo sabemos
todos lo saben"


dejad sonando la canción mientras leéis (si acaso) la "despedida":


  • Muchacha, ¿qué te pasa?
  • Tengo miedo
  • ¿De qué?
  • De que se estrelle el avión y me muera
  • Nunca antes habías montado en uno?
  • Claro, muchas veces, solo que ahora tengo motivos para no querer morirme