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miércoles, 23 de septiembre de 2009

De tropiezos va la vida

Eva no hace más que tropezarse últimamente.

Los cuentos de la lechera no son más que zancadillas en el momento sublime de la historia. Eva no deja de pensar qué será de ella dentro de un año, dentro de un año y medio o cuando sea mayor. A Eva le parece bonito conocer bien los lugares, saber dónde están los escalones o los puestos de helados de camino a la Universidad, al zapatero, a los bares, al trabajo… Por si algún día a alguien se le ocurre apagar las luces de la ciudad, que sepa llegar sin linternas, porque a Eva no le gustan las linternas.

Tanto conocimiento y confianza en el mundo presente hace que se olvide de los escalones a la salida del metro, de la marabunta de gente, de las nuevas obras del Ayuntamiento de Madrid… Así que, sin prestar atención, se imagina su vida mañana, hace un año, dentro de dos, o cuando vuelva de China. ¿Cómo será su vida después de haber vivido tres años en China? Tendría un perfecto inglés, un mejor alemán, debido a los dos años que estará trabajando y estudiando allí, y un chino realmente envidiable que nunca tratará de sacar a la luz porque no le gusta presumir, aunque esa actitud ya es bastante petulante… Sin duda es una vida más atractiva que quedarse en Madrid interesándose por las prácticas y los 615 euros y las gracias que le darán como una buena periodista en prácticas. Y entre tanta divagación, desaparecen los peldaños y Eva quiere seguir subiendo. Eso le supone ciertas enemistades con la gravedad cuya fuerza le obliga a doblegarse ante ella (cualquier persona lo habría llamado traspié o tropezón). La gente le mira y nadie entiende ese empeño en levantar tanto las rodillas del suelo a cada paso. Es como si el fin de las escaleras fuera el fin de sus historias, de su música en el émepe-trés, de su posible vida futura… Si no hay más peldaños, significa que ha llegado, que tiene que volver a entrar en el trabajo, en la clase, en casa. Pero más importante que eso es el sofoco que le causa el recuerdo de que casi se deja los dientes al final de la maldita escalera, que ni aquella peli canadiense llena de muertos.

Luego piensa que tantas elucubraciones están fuera del Mundo y de sus límites, que son un sinsentido y que si Wittgenstein despertara, le diría -en alemán- que estaba malogrando el lenguaje lógico por el que él se había desvivido. Que qué narices era eso de divagar gratuitamente sin concentrarse en los hechos actuales, presentes, tangibles. Que ya estaba bien de tanta tontería. Que menos filosofía y más cuidado con los escalones, tontorrona, porque eso es lo que eres. Desde luego.



Asa.Jailer



So you better rearrange your philosophies
*

martes, 23 de junio de 2009

Viajar ligero

En Sudáfrica, los taxis paran en mitad de la nada porque la nada es muy común en este país. Es tan común que está por todas partes. Estoy rodeada de la nada. Y sin embargo, la nada es necesaria si has nacido en una ciudad donde el todo es agobiante. Playas eternas donde el bosque desemboca directamente en el mar, carreteras interminables, rectas, aburridas y tranquilas, sudafricanos que te adelantan y te ponen los intermitentes de emergencia para darte las gracias por hacerte a un lado a su paso (costumbres del país que merece la pena hacerlas propias aunque aquí nadie lo entienda y puedas provocar un accidente)


*Necesito volver a sentir esa nada entre los dedos

martes, 17 de junio de 2008

*soy injusta y consciente de mi injusticia

Yo aún creo en el tiempo, creo en el sol y en la lluvia, creo en el viento, en las nubes, en la brisa fresca, en el silencio que deja el frío los domingos por la noche... Yo creo que todo eso me guiña un ojo y me cuenta bajito al oído todo menos el parte meteorológico.

Extraño mi dosis de los domingos...
*soy injusta y consciente de mi injusticia


"Cada segundo es único y último en su especie", P.R.A. (vlad)

Suena una canción de country-blues en tu cabeza:
"Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ahhh...", J. Kerouac

martes, 20 de mayo de 2008

Cebra can´t dance no more

Recuerdo la cebra de la que me hablaste. No puedo dejar de pensar en ella... Tú estabas al otro lado del teléfono, la cebra estaba en el cuarto de baño y decía "oh eva, ¿por qué no me montas y nos vamos a dar una vuelta por el pasillo?".
Te dije tonto y la cebra dejó de decir tonterías...


*Eva se asustó y se quedó sentada para siempre


[Miro al cielo e intento comprender una obviedad casi sibilina para el resto del mundo y casi mágica para mí.
No es que haga sol, es que no sabía lo que hacer
No es que haga sol, es que tenía que hacer sol...]


*Las palmeras no tienen ningún sentido en Leganés